‘Como productores no podemos pensar campaña a campaña, sino que necesitamos mirar varios años más allá, porque lo que hoy hagamos o dejemos de hacer, repercutirá en el futuro. Hay quienes dicen que ‘el suelo tiene memoria’ y es esa memoria la que nos va a permitir o no, en algunos casos/años puntuales donde las condiciones sean muy desfavorables, poder tomar algo de lo que fuimos construyendo’

Por: Hugo Ghio. Ing. Agr., Productor, Miembro de AAPRESID y Bioceres S.A. Argentina
La producción agropecuaria en Argentina se realizó y concibió desde sus inicios como una combinación de agricultura y pradera, donde con la agricultura se extraían los nutrientes presentes en el suelo, durante 5-6 años, y posteriormente con 4-5 años de pradera, los mismos eran recuperados, al menos parcialmente. Con el paso del tiempo, más precisamente durante la década del ’70, esa rotación de agricultura y ganadería fue cambiando, la ganadería fue dejando los espacios a la agricultura, principalmente en las zonas con mayor potencial agroecológico y desplazándose a otras zonas donde la ganadería podía desarrollarse sin mayores inconvenientes.
Sin embargo, ese cambio en el modelo productivo de agricultura continua, no fue acompañado por un cambio en el uso de algunos insumos, especialmente el de los fertilizantes.
Con una agricultura continua y sin una fertilización adecuada, poco a poco, los niveles de nutrientes del suelo fueron disminuyendo. Durante la década del ’70 se hace evidente la deficiencia de nitrógeno (N) y comienza así su aplicación, durante la década del ’80 la de fósforo (P) y durante la del ’90 la deficiencia y aplicación de azufre (S). Este cambio en el modelo productivo, intensificado a fines de la década del ’80 con el advenimiento de la siembra directa y el crecimiento de la soja en el país, intensifica aún más la disminución de nutrientes del suelo, dado que había una mayor extracción por cultivos y aún no se había generalizado la utilización de fertilizantes.
Es importante considerar que los nutrientes tienen distintos patrones respecto a sus formas o posibilidades de recuperación en los suelos agrícolas:
  • ‘Asociados al manejo’: para el caso de N y S, su disponibilidad está muy asociada al tipo de manejo que hagamos, es decir, podemos mejorar los niveles de N en el suelo no sólo fertilizando, sino también con técnicas de manejo y/o cultivos que se implanten. Esas técnicas, en general, están asociadas a preservar y/o mejorar los niveles de materia orgánica.
  • ‘Minerales’: para el caso del P, y también K, su reposición sólo es posible a través de la fertilización u otras enmiendas. Las técnicas de manejo pueden beneficiar la eficiencia de uso.
Esta situación nos plantea un desafío al momento de definir estratégicamente cómo nos vamos a manejar, ya no podemos mantener un modelo de producción sustentable basado en el mínimo uso de fertilizantes, es necesario poner foco en la potencialidad del ambiente y en el aporte adecuado de insumos, especialmente los nutrientes, para que éste pueda expresar todo su potencial. Cuando trabajamos para una agricultura sustentable, pensamos en una agricultura que no degrade, que no contamine, que considere la inclusión y el desarrollo social y que preserve los recursos naturales existentes con los disturbios mínimos propios de la actividad. Es así que en este contexto, el foco está en maximizar la productividad del ambiente, con la correcta asignación de recursos e insumos que nos permitan obtener productos de calidad y un resultado económico que nos de sostenibilidad en el largo plazo y nos permita ser competitivos local e internacionalmente.

¿Cómo imputamos el costo e impacto futuro del fertilizante?
Durante mucho tiempo, con un enfoque netamente ‘economista’, nos decían que debíamos realizar nuestro planteo productivo a partir del análisis de retorno por peso invertido para cada insumo, así fue que las decisiones agronómicas fueron tomadas con un enfoque parcial. Si esto puede ser cierto para muchas otras actividades, no lo es para la agricultura.
Como productores no podemos pensar campaña a campaña, sino que necesitamos mirar varios años más allá, porque lo que hoy hagamos o dejemos de hacer, repercutirá en el futuro. Hay quienes dicen que ‘el suelo tiene memoria’ y es esa memoria la que nos va a permitir o no, en algunos casos/años puntuales donde las condiciones sean muy desfavorables, poder tomar algo de lo que fuimos construyendo las campañas previas. Desde el punto de vista económico, los fertilizantes se imputan al cultivo/campaña para el cual se los aplicó, sin embargo, desde el punto de vista agronómico, esa imputación puede prorratearse en algunos años más sobre todo los nutrientes ‘minerales’ y más aún sí es con criterio de reposición.
En el caso de los fertilizantes siempre queda un remanente que beneficia a los cultivos posteriores, cosa que no ocurre con ningún otro insumo.

Contexto: los fertilizantes en Argentina y otros países

La Tabla 1 refleja el balance de nutrientes en distintos países agrícolas. Aquí puede claramente verse que para el caso de Argentina, los porcentajes de reposición en función de la extracción son considerablemente bajos que en otros países.
De la misma forma en las Figuras 1 y 2 puede observarse el detalle de lo que ocurre con el balance de P, para Canadá, y Argentina. En las Figuras 3 y 4 se muestra la evolución del P extractable del suelo (P Bray-1) en distintos estados agrícolas de EE.UU. entre 2005 y 2010; y en la región pampeana argentina entre 1980 y 2005.
Al analizar las posibles causas por las que Argentina no repone lo que consume, podemos clasificarlas en dos grandes rubros:
  • Económicas: en función de la relación insumo/ producto. En las Tablas 2 y 3 puede observarse los precios de los insumos y de los granos y a partir de aquí la relación insumo/producto.
  • Culturales: o La actividad productiva estuvo asentada desde principios del Siglo XX, sobre un suelo extremadamente fértil, lo cual generó una producción sin necesidad de fertilizantes, tradición que fue transferida de generación en generación.
  • Formación académica sostenida fuertemente en el viejo paradigma (Agricultura/Pradera).
  • Visión de los economistas: la decisión de uso de insumos y las cantidades fundamentadas en el objetivo de conseguir el mayor retorno por peso invertido.
  • Planteo productivo de la década de los %u201890, no fue acompañado por un nuevo paradigma en el uso de fertilizantes.

Experiencia personal

Pensando en una agricultura sustentable, en función de los niveles de P en el suelo, planteamos un cambio en la estrategia de fertilización para todos los cultivos, como forma de maximizar productividad de acuerdo al ambiente y alcanzar los valores de suficiencia a lo largo del tiempo.
A continuación podemos ver el resultado de una fracción de campo, con más de 100 años de agricultura y con solo dos oportunidades de pradera en su historia, éstas previas a la década del 70 (Figura 5). La Tabla 4 muestra los incrementos en P extractable (Bray-1) obtenidos entre los periodos 1987/2002 y 2003/2014 en cinco lotes, con aportes de P con criterio de reposición.

Aprendizaje de las experiencias personales
  • Si bien los fertilizantes son un insumo de alto impacto en los costos, en el momento de tomar decisiones siempre los incluimos en las dosis recomendadas para el objetivo buscado: en el caso de P pensando en reposición y en el caso de N y S buscando los techos de producción, porque, salvo en condiciones muy extremas, siempre tuvimos retorno.
  • Generalmente, en esos años de condiciones extremas, lo que no fue utilizado por el cultivo de esa campaña, quedó como reserva para la campaña siguiente.
  • Las gramíneas y la siembra directa mejoran decididamente las condiciones físicas del suelo y para hacer gramíneas de alta producción es necesaria una fertilización adecuada.
  • Las condiciones físicas mejoradas por las gramíneas y la SD y las condiciones químicas mejoradas por una fertilización adecuada, re percuten fuertemente de manera positiva en el resultado de todos los cultivos futuros, a partir de la creación de un nuevo ambiente productivo.
  • Considero que en casos de fertilización con P para recuperar decididamente valores muy bajos en el suelo, el costo del mismo podría considerarse como inversión y ser amortizado en más de una campaña.
Propuestas para lograr una producción más sustentable, en todos sus ejes, de nuestro recurso suelo. A mi entender, el modelo productivo actual, desde lo ambiental, no es sostenible en el tiempo, hay descenso de los niveles de P por debajo de los umbrales recomendables, también, en muchos casos de los niveles de materia orgánica a pesar de estar en siembra directa, deterioro de las propiedades físicas del suelo con consecuencias sobre la infiltración y ascensos de napa de agua a nivel de superficie que cuando son de mala calidad deterioran fuertemente la capacidad de uso de los mismos, etc. El suelo, de acuerdo a su uso y manejo puede ser renovable o no. Por lo tanto, en todos los ámbitos es prioritario pensar y actuar para el largo plazo.
En este contexto y considerando que el suelo es el principal capital de una empresa agropecuaria o propietario de un predio, realice o no la producción, y que también lo es de un país, es necesario generar acciones no sólo tranqueras adentro, sino también tranqueras afuera.
Como sociedad debemos pensar en la sostenibilidad, inclusión y desarrollo integral de las generaciones actuales y futuras, preservando el buen uso de nuestros recursos naturales y promoviendo políticas públicas tendientes a lograr ese objetivo.
La propiedad privada no debe ser pretexto para eludir la obligación de preservar y tampoco de no hacer un aprovechamiento pleno de todas sus potencialidades para generar producción (riqueza) y cubrir la demanda de intereses públicos. A mi entender, hay dos hechos que están limitando el desarrollo armónico y sostenible de la producción. Los derechos de exportación que por un lado no dejan aplicar toda la tecnología o limitan la producción y la falta de una política pública de incentivo y estímulo a la producción y a las mejores prácticas de uso de los recursos naturales existentes.

Por tales motivos considero las siguientes propuestas:

Tranqueras adentro:
  • El propietario de la tierra es el principal responsable en el cuidado de su bien principal, el suelo, por lo tanto todas las acciones que realice, ya sea en forma directa o a través de la tercerización de la producción son de su exclusiva responsabilidad,
  • En caso de tercerizar la producción, debe focalizarse no sólo en el rédito económico inmediato, sino, principalmente en la sostenibilidad futura, que se logra a partir de un manejo acorde a la potencialidad del ambiente específico.
Tranqueras afuera:
  • Mantener la fertilidad y productividad del recurso suelo debe ser una política de estado con incentivos hacia quienes la practican y de fuerte gravamen para quienes no la realicen.
  • Tenemos que pensar que, en lugar de los derechos de exportación que graban la producción, debemos grabar la propiedad para, de acuerdo a estímulos, potenciar su uso y manejo con mejores prácticas. A modo de ejemplo los estímulos serán para quienes destinen el uso a praderas perennes, realicen balances de carbono positivos, siembra directa, buenas prácticas agrícolas, certificación de producción, etc.
Referencias
  • da Cunha J.F., E.A.B. Francisco, V.Casarin, y L.I. Prochnow. 2014. Balanço de Nutrientes na Agricultura Brasileira – 2009 a 2012. Informações Agronômicas (Brasil). Número 145, Março 2014.
  • Darwich, N. 1983. Niveles de P asimilable en los suelos pampeanos. IDIA Nº 409/412, p. 1-5. – Edis, R., R. Norton, y K. Dassanayake. 2012. Soil nutrient budgets of Australian natural resource management regions.
  • Fixen, P. E., T.W. Bruulsema, T.L. Jensen, R.Mikkelsen,T. S. Murrell, S. B. Phillips, Q.Rund, y W. M. Stewart. 2010. TheFertility of North American Soils, 2010. Better Crops with Plant Food, Vol. 94,Issue No. 4, 2010.
  • García, F., y M.F. González Sanjuan. 2013. La nutrición de suelos y cultivos y el balance denutrientes: ¿Cómo estamos? Informaciones Agronómicas de Hispanoamérica. 9:2-7. IPNI Cono Sur. Acassuso, Buenos Aires, Argentina.
  • NuGIS-IPNI. 2012. http://nugis.ipni.net Sainz Rozas, H., H. Echeverría y H. Angelini. 2011. Fósforo extractable en suelos agrícolas de las regiones Pampeana y extrapampeana de Argentina. Informaciones Agronómicas de Hispanoamérica, 4:14-18. IPNI.

Ver tablas y referencias en PDF adjunto
PDF:Visión general y personal de la fertilización en Argentina