Dentro de las estrategias que tenemos a nuestro alcance para asegurar la viabilidad de nuestros agroecosistemas, la rotación de cultivos ha demostrado ser fundamental. La inclusión de maíz dentro de ella, no solo es importante por el resultado económico que hoy tiene el margen bruto (por factores como: su precio a la hora de comercializar, quita de retenciones para dicho cultivo), sino también por resultado global en cuanto a la diversificación que aporta en la rotación: exploración radicular, consumo de agua útil, extracción de nutrientes, volumen de rastrojo, etc.

A la hora de seleccionar el lote en que se sembrará, se debe pensar en el antecesor del cultivo, en el control de maleza que se debió usar, en el hibrido que mejor se ajustará a ese ambiente y en la estrategia de fertilización para la expresión de todo el potencial del hibrido seleccionado.

El nitrógeno, es el nutriente motor para el crecimiento. Cuando la planta lo absorbe, lo acumula como nitrato en la hoja, y ese nitrato es el encargado de motorizar el complejo hormona de crecimiento. Además interviene en la síntesis de proteínas siendo vital para la actividad metabólica.

Su deficiencia provoca reducciones en el crecimiento del cultivo (por una menor tasa de crecimiento y expansión foliar que reducen la captación de la radiación fotosintéticamente activa). Si a ello le sumamos que del total de Nitrógeno aplicado al cultivo, este puede tomar entre el 35% al 80%, dependiendo del momento de aplicación, fuente (producto), y condiciones ambientales antes y después de la aplicación; es evidente la necesidad de contemplar la fertilización nitrogenada, siempre comprendida en una fertilización balanceada en otros nutrientes como el P y S.

El manejo eficiente de la fertilización del maíz es fundamental para alcanzar la expresión de potencial de este cultivo, para sostenerlo en el tiempo, no solo en el cultivo de maíz sino en los que participan en la rotación.

Para que la brecha entre el rendimiento potencial y real, se reduzca, es necesario una planificación y programación de la producción, e incluir en ella, el plan de fertilización a realizar.

Es importante que la estrategia de fertilización sea a nivel de lote, ya que el tipo de suelo si existieran diferencias, el antecesor, el material genético seleccionado (hibrido), condiciones de relieve, nivel de cobertura, etc., influyen en el nivel de fertilización a utilizar, pudiendo pensar en dosis variable si dicha diferencias lo justificaran. Así mismo la fertilización debería contemplar la rotación de cultivos que esta planificada (requerimientos nutricionales globales de la rotación). Por último dentro de este esquema el rendimiento esperado es el factor condicionante (Por cada Tn de Maíz, se extraen 22 Kg de N en grano).

Ahora bien el nitrógeno es fundamental en las primeras etapas del ciclo cultivo, pero de mayor necesidad en el periodo que va de V6 a pre-floración (en dicho periodo se consume el 70% del total de Nitrógeno requerido por el cultivo en todo su ciclo). Por ellos es aconsejable para un mejor aprovechamiento aplicarlo en diferentes etapas contemplando los mayores requerimientos.

Para estimar la dosis a utilizar se deberá realizar un diagnóstico de fertilidad, a partir de análisis de suelo. Posteriormente se realizara un balance contemplando la demanda del nutriente por parte del cultivo y la oferta. Dentro de esta ultima la cantidad de nitratos presentes en el suelo (por estratos), la aportada por la mineralización de la materia orgánica y la aportada por el fertilizante.

En FERTEC producimos equipos que se adaptan, por su configuración de trocha, rodados y despeje del sistema de distribución, a la re fertilización del maíz en períodos hasta V6. Además cuentan con la tecnología Agrix, desarrollada específicamente para la aplicación variable de fertilizantes con estándares de calidad global.

Ing. Agr Facundo Kloster

Asesor Técnico Experto

Fertec